Escrito por Nery Peña
Es nuestra historia reciente acompañada de imágenes de una etapa dolorosa para la historia paraguaya. El libro de Carlos Gómez Florentín, Carlos Pérez Cáceres y Herib Caballero Campos, editado por Servilibro, propone una lectura crítica del conflicto que fundó el Paraguay colorado.
Durante décadas, la Guerra Civil de 1947 se explicó con discursos y partes militares. Las fotos eran solo adorno. Esta obra rompe con eso.
En el prólogo, Carlos Gómez Florentín denuncia la “difícil convivencia” de los historiadores con la imagen: se la usa como ilustración de lo ya escrito o como álbum acumulativo sin análisis. En una era saturada de imágenes, propone lo contrario: aprender a “leer” la fotografía histórica para entender la historia como lo que fue: un campo de lucha entre clases sociales y grupos de poder. El objetivo es volver a un trauma reciente con una mirada crítica y participativa.

El detonante: Concepción, 8 de marzo de 1947
El libro rescata el manifiesto “Al Pueblo de Concepción”, acta fundacional de la revuelta. Los jefes de la Región Militar se levantan contra Higinio Morínigo por haber burlado la promesa de elecciones libres para el 15 de agosto y por haber deshonrado al Ejército el 13 de enero.
Proponen un Gobierno Militar de transición con 5 puntos:
Libertades para todos los partidos (Febrerista, Comunista, Liberal y Colorado).
Junta Electoral Central integrada por los cuatro sectores.
Limpieza de la policía y el ejército.
Elecciones libres a breve plazo.
Medidas contra la carestía.
Garantizan la actividad legal de partidos y sindicatos.
De la dictadura a la esperanza frustrada
El contexto es clave. Desde 1942, Morínigo consolidó una dictadura militarista afín al fascismo europeo. Proscribió al Partido Liberal acusándolo de vender el Chaco, montó el DENAPRO para controlar la radio y la prensa —absorbió el diario El País— y se apoyó en intelectuales católicos “tiempistas” y en figuras como Juan Natalicio González. La oposición fue a la cárcel o al exilio en Montevideo, desde donde denunció la tiranía.
Tras la Segunda Guerra Mundial, presionado por EE. UU., Brasil y Argentina, Morínigo cede. El 9 de junio de 1946 triunfan los militares institucionalistas sobre los oficialistas y nace la “Primavera Democrática” (julio de 1946 – enero de 1947), analizada por Carlos Pérez Cáceres. Vuelven liberales, febreristas y comunistas, y el movimiento obrero de la CPT vuelve a las calles. Por seis meses el país conoce otra agenda: Asamblea Constituyente, libertad de presos y retorno de exiliados.
El 13 de enero de 1947, Morínigo maniobra con el comandante de Caballería Enrique Jiménez y retoma el poder total apoyado solo por los colorados. La esperanza se quiebra y el país se encamina directo a la guerra.
No fue solo una guerra militar
Pérez Cáceres insiste: fue una confrontación social. Resultó de los sectarismos, la falta de conciencia democrática y la ansiedad de los partidos por tomar el poder. Chocaron dos modelos: uno basado en la fuerza militar y otro más horizontal, participativo y plural.
En plena Guerra Fría, el oficialismo estigmatizó a los insurgentes —donde había comunistas— como agentes del comunismo internacional “ateo, sanguinario y esclavizador”, frente a los defensores de “Dios, Patria y Familia”.
El gran ganador fue el Partido Colorado. Desde agosto de 1947, el poder ya no lo deciden solo los militares, sino su Junta de Gobierno. La oposición queda vetada y exiliada. Pero no hay paz: empieza la anarquía colorada entre los «guiones rojos» de Natalicio González y los «democráticos» de Federico Chaves.
Con fotos de soldados cuerpo a tierra en las calles de Asunción —como la de la portada—, el libro invita a reflexionar sobre el país que teníamos, el que perdimos en 1947


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