Mientras la obra era promocionada en las redes oficiales de la institución, la propia ministra Claudia Centurión admitía desconocer su instalación e incluso la descalificaba.
La contradicción resulta difícil de explicar. «Esa lomada ojalá no haya puesto ningún funcionario de Obras Públicas», expresó la ministra en los estudios de Ñandutí el lunes pasado, al tiempo de asegurar que el reductor de velocidad no correspondía en el lugar y que sería retirado ese mismo día. Sin embargo, las publicaciones institucionales del MOPC daban cuenta de los trabajos realizados como parte de una intervención vial.
El episodio plantea interrogantes inevitables sobre los mecanismos de control y comunicación dentro de una de las carteras más importantes del Estado. ¿Quién autorizó la instalación? ¿Quién dispuso su difusión oficial? ¿Cómo es posible que una obra ejecutada y promocionada por el propio ministerio sea desconocida por su máxima autoridad? Las respuestas siguen siendo tan improvisadas como la polémica lomada.
Más allá del retiro del reductor, el hecho deja al descubierto un problema de gestión que trasciende el anecdotario. Cuando una ministra desconoce lo que su institución ejecuta y comunica oficialmente, lo que está en discusión no es una simple lomada, sino la capacidad de coordinación, supervisión y liderazgo dentro del MOPC.
El desconcierto institucional, en este caso, resultó mucho más pronunciado que el propio desnivel instalado sobre el asfalto.

Deja una respuesta